LUCHO
Lucho, lucho evitando que suba la marea. Lucho para
evitar que nadie traiga de vuelta esas olas, esas olas cargadas de ira, que se
manifiestan chocando con todo, con todos.
Recuerdo, recuerdo sentir impotencia, descontrol, ira, a
todas horas, todos los días. Duele, duele el recuerdo, duele cuando no viene
acompañado de luz, de brisas suaves, de carcajadas incontrolables. No quiero volver,
revivir, retroceder.
Solo yo, solo yo puedo convertir los problemas en
oportunidades, solo yo puedo tomarme los relámpagos como conciertos de rock al
aire libre, los días fríos como momentos para abrazar a quién quiero, así con
la excusa de la temperatura baja, los enfados como el primer paso hacia una
reconciliación, de esas que te sorprenden, de esas que dicen “no me iré jamás”.
No puedo controlar lo externo a mí, no. Sí puedo controlar lo interno en mí,
sí. Quiero suavizar mis iras, frenar las lluvias que recorren mi mejilla cuando
siento ese sentimiento, ese sentimiento que aprieta mi garganta, que obliga a mis
labios a moverse intranquilos, perdidos.
Sonrío, sonrío al mirar mi alrededor, sonrío cuando los
recuerdos sí vienen acompañados de luz, brisas suaves y carcajadas
incontrolables. Sonrío, sonrío cuando priorizo, sonrío cuando no me siento
entre paredes, sonrío cuando siento que solo yo controlo mi vida. Quiero seguir
sonriendo, quiero seguir viviendo todo con intensidad, quiero seguir abrazando
los buenos recuerdos.
C. Casu




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