Eterna juventud
Aún no sé si es el defecto que dirige mi fracaso o
la virtud que construye mi éxito.
En ocasiones es malo, en ocasiones es bueno.
Arranca mi ira
cuando me invade, cuando me adentra en un mundo oscuro al que escupo sin
respeto, al que provoco, al que tiento con mis formas.
Me trajo
problemas que aún hoy recuerdo, aún me aterran, aún busco soluciones que me
ayuden a enfrentarlos, a ganarlos, a olvidarlos.
En mi mundo
paralelo me animan, me salvan, transforman lo cotidiano en lo más especial,
bonito, espectacular, en todo aquello que solo los ciegos pueden ver, sentir,
disfrutar. Otorgaron sentido a lo que los demás acostumbran a criticar, a todo.
Es mi razón, mi
regalo, mi libertad. Es vivir intensamente todo lo que se presenta ante mis
ojos, todo lo que me sucede.
Disfruto,
disfruto al sentirlo porque me hace sentir viva.
Es una decisión,
es un sentimiento, es el mundo en el que vivo cuando decido sentirlo.
Lo interiorizo,
lo siento, lo disfruto. En cada detalle, en cada puesta de sol, en cada
anochecer. Lo siento cuando las gotas frías caen del cielo directas a mi
rostro, acariciándolo, susurrándolo. Son canciones insonoras, que me acompañan
desde que los rayos se asoman por mi ventana, anunciando un nuevo día, una
nueva oportunidad, hasta que mis ojos se cierran esperando a que vuelvan a
aparecer. Son momentos, son personas, son situaciones, y para qué negarlo, es
la edad.




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